¿Sé de amores?

Sé de amores que queman,

amores que incendian fronteras,

amores de ascuas y penas,

de esos que nunca te llenan.

Sé de amores que matan,

amores que al alba se marchan,

amores de falta de ganas,

de esos que atacan el alma.

Sé de amores prohibidos,

amores de aquí nunca vino,

amores de mucho libido,

de esos que yo nunca pido.

¿Sabré de amores certeros?

¿Amores sin tanto veneno?

¿Amores de cálido fuego?

De esos, ¿no veo o no quiero?

Acompáñeme a su habitación

Huéspedes somos, efímeros

en el hotel llamado vida,

¿No pensamos todos,

que la habitación del vecino

es mejor que la mía?

Inquilino aleatorio

en el hotel llamado vida,

el botones se jacta,

mientras el carrito arrastra,

de mi pena y mi desdicha.

¡Qué felicidad! ¡Qué alegría!

Que la habitación del vecino

tiene fiesta cada día.

No sé si me lo dice

o me maldice pero,

¿Qué sabré yo? Infeliz,

¿Si a través del tapiz

escucho lo que quiero oír?

Visión de periferia

¿Sé de dónde vengo?

¿Sé qué quiero hacer?

no quiero lo que pienso,

solo veo que llover.

Suelo hacer el feo,

mi vida es un vaivén,

quiero un cambio muy intenso,

solo veo que llover.

No deseo lo que tengo,

para algunos, el amén.

A ratos vivo en el infierno,

solo veo que llover.

¿Alguien sabe lo que siento?

¿Hallaré mi propio ser?

guíame en este intento,

y el sol, volveré a ver.

Ley natural, el derecho a decidir

Siendo un tema sensible el que trataré hoy, empiezo con un ejemplo gráfico como base del planteamiento que desarrollaré más adelante.
Pongamos que tenemos unas moscas en un lugar seguro, con unas paredes rodeandolas dentro de las cuales tienen lo necesario para vivir. Al lado de este, por ejemplo, recipiente, tenemos otro lleno de miel. Nosotros, como dueños de las moscas, buscamos su bien, no las dejariamos morir. Hasta aquí no hay problema pero, ¿qué pasaría si las moscas nos pidiesen ir a la miel, o les abriesemos el recipiente para darles la libertad ?
Las moscas irían a la miel, seguro, y disfrutarían con el dulce hasta morir por quedarse pegadas a él.
Aplicando este sencillo ejemplo a la sociedad, es fácil ver que las paredes son las leyes, el dueño de las moscas el Estado, las moscas nosotros y la miel aquello que en lo más profundo de nuestro pensamiento vemos como algo malo, aunque nos atrae inevitablemente.
Hume dice que el hombre es egoista por naturaleza, Locke, que hay una ley natural que algunos no cumplen. Yo digo que el hombre es generoso por naturaleza, sabio en esencia y por ello decide formar una sociedad, no para garantizar que nadie le haga mal, sino por el hecho de saberse débil.
Esta es la Ley Natural y cualquiera que crea que la libertad significa hacer la primera locura que se nos pase por la cabeza se equivoca, pues lo único que intenta es eludir su propia responsabilidad e ir en contra del bien de cada persona, la sociedad no nos limita, nos ayuda a no tropezar con lo que no queremos hacer aunque defendamos que sí.

Del fin último del hombre

A raíz del estudio de las diversas corrientes filosóficas -obviando las diferencias concretas de cada pensador-, podemos separar cualquier pensamiento distinguiéndolos por la búsqueda del fin último del hombre. Existen los que buscan un fin (Platón, el Doctor Angélico, etc) y los que irremediablemente caen en el subjetivismo a causa de limitarse a conocer el mundo sin la búsqueda del fin último (Locke, Mill, Bacon, etc).
Podemos suponer que la búsqueda de un fin último nos llevará al error fácilmente por caer en los prejuicios, lo que no es tan fácil es darse cuenta de que los que no buscan el conocimiento sin plantearlo con un fin, no llegan nunca a nada más que el escepticismo.
Con un fin último no sabremos si filosofamos bien, pero sin el fin estamos seguros de que lo hacemos mal, solo hay que fijarse en que cualquier subjetivista a desencadenado su pensamiento a raíz del empirismo o racionalismo.